Mostrando entradas con la etiqueta sueños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sueños. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de marzo de 2013

65.




En las noches de insomnio
pienso en todas las vidas que pudieron ser y no fueron.
En las personas en las que no me he convertido.
Recuerdo las bifurcaciones ante las que dudé
y los caminos que cerré con una sola decisión.
Pienso en todas esas vidas, en todas esas personas, y me sosiego.
Pienso que la que soy, la que se va a dormir, va a descansar.
Las otras no, porque nunca existieron.

martes, 12 de febrero de 2013

61.

Vargtimmen

-¿Oyes lo tranquilo que está todo?
-Sí, está tranquilo.
-Hubo un tiempo en el que las noches eran para dormir... profundamente, sin sueños. No puedo dormir. Me despierto de miedo. ¿Anna?
-¿Sí?
-¿Estás cansada?
-No, no demasiado.
-He pasado en vela cada noche hasta el amanecer. Pero esta es la peor hora. ¿Sabes cómo se llama?
-No.
-Los viejos solían llamarla 'la hora del lobo'. Es la hora en la que la mayoría de la gente muere, y la mayoría de los niños nacen. Es ahora cuando nos llegan las pesadillas. Y si estamos despiertos...
-Tenemos miedo.
-Tenemos miedo.




jueves, 27 de diciembre de 2012

viernes, 26 de octubre de 2012

45.

 
Este hombre está estornudando.
Este hombre está cantando flamenco.
Este hombre tiene sueño.
Este hombre no echa de menos a su hija
porque la chica del fondo no es su hija.
Tampoco es su amada.
Ni siquiera sabe quién es.
Ni siquiera sabe que está en un fotomontaje.
Este hombre no entiende de fotomontajes.

 

miércoles, 3 de octubre de 2012

44.


He soñado con un cielo negro y sin estrellas. En él se proyectaba mi cuerpo desnudo bailando, desenfrenado. Un hombre hacía girar la manivela de un cinematógrafo con cada vez menos fuerza, y mi imagen se frenaba poco a poco. Mi cuerpo que baila se va a detener y siento una ola de terror que me arrastra a la vigilia. Me despierto con el grito en la garganta y la idea de que si pierdo el ritmo, el mundo se va a acabar.
Pero el sueño vuelve a arrastrarme a ese desierto donde el proyeccionista se queda sin vida, y con la suya se lleva la mía. Corro hacia él, histérica, y le ruego que no se detenga, pero es tarde. Hay un haz de luz que se rompe en el cielo, y mi cuerpo desnudo parpadea en un paso de baile suspendido antes de desaparecer.
Consigo despertar y no volverme a dormir, pero en el fondo sé que una parte de mí se ha quedado allí.