Ayer un amigo me confesó que se había portado mal. A propósito de un proyecto de investigación en internet, se creó un alter ego y empezó a generar contenidos haciéndose pasar por una mujer. La idea de su travestismo era hacer que, a través de un falso diario, otra gente se enganchara a él. Necesitamos de las vidas de otros para darle sentido a las nuestras. Es una necesidad de ficción que por una parte nos dice que no estamos solos, y por otra que somos únicos. Necesitamos creer que hay gente mejor que nosotros, pero que están a nuestro alcance. No es muy diferente a lo que lleva haciendo el arte a lo largo de la Historia. El cine, la literatura, el teatro se nutren de eso. Están para tranquilizarnos, para asegurarnos que todas podemos ser Olivia Newton John, Lady MacBeth o Jackie Kennedy; nos dicen que estamos muy cerca y también muy lejos, y eso le da un poco de sentido a nuestras vidas. También tiene mucho que ver con todo el boom de la telerrealidad de hace unos años; despojando al concepto de cualquier clase de glamour, sustituyéndolo por pornografía.
Mi amigo intenta llevarlo, de una forma pequeña, a Internet, donde el anonimato nos convierte a todas en Cyrano de Bergerac. Y lo ha hecho con la mala pata (¿o mala idea?) de que un amigo suyo se ha enamorado de él/ella. Le encontró por casualidad, se enganchó, y en seguida le empezó a escribir. Primero de una forma casual, después con un flirteo más o menos sutil. Quién no ha utilizado la seguridad de la red para hacer algún comentario en un blog que no habría hecho nunca en persona, o para soltar algún piropo sólo por el morbo de flirtear. En Internet todo es posible, igual que todo es imposible. Me dice que al principio le hacía gracia y que no daba crédito; que tu colega te esté tirando los trastos, aunque en realidad no sea a ti, es raro. Luego, después de darle un poco de cancha, se sintió fatal. Decía que en el fondo le estaba decepcionando. A mí la idea me pareció brillante. Crear algo desde un anonimato tan puro que nadie sepa quién eres, y que hasta tu propia madre se pueda llegar a enamorar de ti, tiene muy mala leche, pero a la vez es genial. Todos vivimos expectativas que nunca se cumplen, y construimos nuestras vidas sobre unos cimientos que son falsos; creemos en cosas que sabemos que son mentira, pero nos ayudan a levantarnos por la mañana, a soportar las ocho horas de oficina rodeados de imbéciles, y luego volver a casa a la soledad de la espera del día siguiente. La mentira para salvar vidas; el mentiroso convertido en filántropo.
Y a la vez me dio muchísimo miedo. ¿Y si todos los avatares de internet son falsos? ¿Y si nos pasamos hablando con gente imaginaria, como cuando éramos niños, horas y horas de nuestros días? ¿Y si yo también soy mentira?
